¿Igualdad salarial? México se encuentra en el puesto 33 de 146 países en el Índice Global de Brecha de Género 

 Por Coyolxauqui Sánchez (CIGU).

Desde 2020 se hizo oficial que cada 18 de septiembre se conmemore el Día Internacional de la Igualdad Salarial, con el objetivo de visibilizar la brecha económica que existe por género. Sin embargo, el Informe Global sobre la Brecha de Género 2024, elaborado por el Foro Económico Mundial (World Economic Forum, por sus siglas en inglés), reveló que solo se ha logrado cerrar el 60.5% de esta brecha económica a nivel mundial. Esto significa que aún falta casi un 40% para alcanzar plena igualdad en la manera en que hombres y mujeres participan y son remunerados en la economía. 

En México, la brecha en la participación y oportunidades económicas de las mujeres está cerrada apenas en un 61.2%. Esto indica que todavía persiste un 38.8% de diferencia en las oportunidades laborales y salariales entre hombres y mujeres. En cuanto a los ingresos, el salario estimado de las mujeres equivale solo al 61.2% del de los hombres. Esto sugiere que, aunque pueda parecer que existe igualdad en el pago por el mismo trabajo, en la práctica las mujeres siguen ganando mucho menos en general. 

Y no solo eso, el alto porcentaje de empleos feminizados constituye otra de las principales problemáticas en la desigualdad salarial. Si bien acceder a un empleo digno ya es un reto para las mujeres, cuando logran hacerlo predominan ocupaciones feminizadas, como la limpieza, los cuidados y el trabajo doméstico, actividades que carecen de una remuneración digna para las mujeres que lo realizan.  

De esta manera se frenan las oportunidades para que las mujeres accedan a puestos que permitan una vida digna, como los de científicas, líderes, gerentes, directivas o cargos de alto rango, que en su mayoría siguen siendo ocupados por hombres en todo el mundo. 

El trabajo de cuidados sigue sin ser dignamente remunerado 

Un ejemplo clave es nuestro lenguaje, solemos hablar de “tareas domésticas” en lugar de “trabajo doméstico. La “tarea” alude a una obligación, mientras que “trabajo” debería implicar salario. Esta ausencia de remuneración se sostiene en la dependencia económica que generan los roles de género dentro de los hogares. 

Reproducir los roles de género dentro del ámbito laboral ha institucionalizado desigualdades y violencias de género, al encasillar a las mujeres como principales responsables del hogar. Desde hace décadas, “mujer” se asocia a “ama de casa” y “hombre” a “proveedor”, lo que refuerza una jerarquía de autoridad. 

 Sin embargo, el patriarcado salarial afecta tanto a mujeres como a hombres. A ellos, porque no se les permite compartir responsabilidades de cuidado ni acceder con facilidad a empleos de medio tiempo; a ellas, porque dependen de un salario, trabajan sin horario ni regulación y se enfrentan a un sentimiento de inferioridad socialmente impuesto. 

 Las mujeres, además, hemos tenido que aceptar empleos mal pagados, soportando las consecuencias que trae consigo el abuso de poder. 

 La brecha salarial por género 

Esta brecha está arraigada a una violencia y desigualdad sistémica, ya que muchas de las mujeres en el mundo pertenecen a un sector laboral informal y la consecuencia más alta es que estos empleos están lejos de ser regulados por las leyes laborales, la cuales deberían garantizar un salario digno y prestaciones que dignifiquen la vida de las mujeres. 

 Asimismo, la cultura organizacional de muchas empresas perpetúa violencia cuando, ante un mismo puesto y funciones, las mujeres reciben un salario menor que los hombres. 

 “Esfuérzate más y ganarás más”, es lo que suelen escuchar las mujeres recién incorporadas al mercado laboral, bajo la falsa idea de que deben ganarse el puesto, no por sus conocimientos o habilidades, sino porque “se les da una oportunidad que deben aprovechar”. Este discurso convierte la inclusión laboral en un supuesto favor y deriva en explotación. 

 Desventajas laborales por la maternidad 

La desigualdad salarial también impacta a las mujeres en su papel de madres. Generalmente, las madres reciben sueldos menores, a veces vinculados con jornadas reducidas que solo buscan hacer posible el cumplimiento de una segunda jornada en el hogar. La ausencia de corresponsabilidad paterna refuerza esta doble carga. 

 Las dobles jornadas no son el único obstáculo que existe por alcanzar una igualdad salarial, la maternidad también es una excusa que existe en el ámbito laboral para la toma de decisiones de ascensos y las prácticas de contratación, ya que suelen ser discriminatorias para las madres, negando el acceso a puestos de liderazgo con salarios altos. 

 La desigualdad salarial atraviesa todos los sectores: deporte, investigación, salud, arte, cine, entre otros. En todos ellos la brecha persiste, porque es una violencia estructural y sistemática. 

 Fechas como esta nos ayudan a reflexionar y visibilizar este problema. Si tú conoces alguna acción o institución que ponga en práctica acciones para erradicar la desigualdad salarial cuéntanos en los comentarios.  

 

Referencias 

World Economic Forum. (2024). Global Gender Gap 2024. World Economic Forum. ISBN-13: 978-2-940631-89-6. Disponible en:  

https://www.weforum.org/publications/global-gender-gap-report-2024/