Cuidar es construir otro mundo posible
Por Azul Marmolejo (servicio social en la Unidad de Comunicación de la CIGU)
Como parte de las actividades del Mes de los Cuidados 2025, la UNAM organizó la charla “Cuidados comunitarios para la salud mental en la Universidad”, impartida por la Mtra. Celeste Cruz Avilés, educadora popular, feminista, comunitaria y descolonial; gestora cultural y defensora de los derechos humanos. La charla propuso replantear el cuidado como una práctica diversa y compartida, donde atender a los demás se conjuga con el autocuidado, base esencial para sostener cualquier red de apoyo.
Durante su intervención, la Mtra. Cruz destacó que la manera de cuidar depende de múltiples factores como el contexto, las condiciones de vida y el territorio. Señaló que el cuidado no debe limitarse a lo individual o privado, sino que se constituye como un compromiso colectivo: cuidar es también construir otro mundo posible. En este sentido, subrayó la importancia de superar enfoques antropocéntricos y androcéntricos, reinventando las formas de cuidar dentro de la comunidad universitaria.
El tema adquiere relevancia a nivel internacional. En agosto de 2025, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció formalmente al cuidado, al ser cuidado y al autocuidado como derechos humanos autónomos, vinculados con la dignidad, la igualdad y el bienestar integral. Para las instituciones de educación superior, esto implica asumir un desafío concreto: traducir este reconocimiento en políticas y acciones que fortalezcan el bienestar de toda la comunidad universitaria.

El panorama en la UNAM
En la UNAM, este compromiso se refleja en la labor de la Secretaría de Servicio y Atención a la Comunidad Universitaria (SSACU), que coordina servicios gratuitos destinados a promover la salud, el desarrollo cultural, la actividad deportiva y el bienestar integral. La Mtra. Cruz hizo un llamado a que la comunidad universitaria haga uso de estas oportunidades, que fortalecen la red de cuidados y potencian la participación colectiva.
Asimismo, resaltó la importancia de la Coordinación para la Igualdad de Género (CIGU) y sus programas asociados: las Coordinaciones Internas para la Igualdad de Género (CInIG), las Personas Orientadoras Comunitarias (POC) y el Programa Integral de Trabajo con Hombres, que trabajan desde lo comunitario para generar entornos más equitativos y solidarios. Estas iniciativas consolidan redes colaborativas que refuerzan la capacidad de cuidado compartido dentro de la universidad.
En materia de salud mental, la Mtra. Cruz destacó Espora Psicológica, programa que ofrece atención profesional especializada y gratuita con enfoque de género. Subrayó que es fundamental ampliar el alcance de estos servicios para garantizar que lleguen a toda la comunidad universitaria que los necesite.
Para comprender el cuidado de manera integral, la ponente se refirió al diamante del cuidado de la investigadora Sahara Razavi, que identifica a la familia, el Estado, el mercado y la comunidad como pilares interrelacionados que sostienen esta práctica. Aunque el esfuerzo comunitario suele ser sólido, la Mtra. Cruz enfatizó la necesidad de que el Estado y las instituciones universitarias respalden estas redes para garantizar la sostenibilidad de los cuidados: “Indudablemente necesitamos que el estado lo garantice y, en el caso de la Universidad, que la institucionalidad se haga presente”, aseguró. Por ello, resulta fundamental que este derecho al cuidado se trabaje desde todos los agentes involucrados.
Finalmente, retomó la visión de Joan Tronto sobre el cuidado como base de justicia: no es un asunto privado, sino político y social. La salud mental y sus rutas de atención son esenciales, pues favorecen el desarrollo pleno de las personas y de la comunidad que las rodea.





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