Retos emergentes en salud psicosocial: la UNAM discute el fenómeno incel

Por Azul Marmolejo (servicio social en la Unidad de Comunicación de la CIGU)

El pasado 15 de octubre se llevó a cabo la mesa de diálogo “Fenómeno incel: la UNAM ante nuevos retos en salud psicosocial”, organizada por la Comisión Interna para la Igualdad de Género (CInIG), el Programa de Igualdad de Género y el Programa de Estudios de Género en Salud de la Facultad de Medicina de la UNAM.

El primer ponente fue el maestro René López, quien ofreció una definición del fenómeno incel y explicó algunas de sus jergas más comunes, como “píldora roja”, “píldora negra” y la llamada “hipergamia femenina”. Señaló que el término proviene del inglés involuntary celibate, que significa “célibe involuntario”, y alude a la frustración de adolescentes y jóvenes, principalmente hombres, frente a la dificultad de establecer relaciones erótico-afectivas satisfactorias. Dicha insatisfacción, precisó, no puede entenderse de manera aislada, sino que responde también a factores estructurales.

López subrayó que muchos de estos jóvenes han experimentado distintos tipos de discriminación, ya sea por su situación económica, tono de piel o por no ajustarse a los estándares de belleza socialmente aceptados. En varios casos, añadió, presentan dificultades para socializar o acercarse a otras personas, lo que los vuelve especialmente vulnerables a los discursos simplistas que circulan y se fortalecen en las redes sociales.

También advirtió que diversos grupos de extrema derecha han sabido aprovechar estas inseguridades, infiltrando sus agendas y ganando influencia dentro de comunidades digitales. Ante este panorama, el ponente destacó la necesidad de repensar la forma en que se han construido las políticas de género. Al excluir a los hombres de estos espacios de reflexión, indicó, se contribuye a que muchos de ellos no perciban al feminismo y a las propuestas de igualdad de género como una respuesta a sus problemáticas, sino como la causa de su malestar.

Misoginia: una situación social

Posteriormente, la doctora Beatriz Martínez Romero realizó una clara distinción entre la misoginia y el trastorno mental: “La misoginia no es una enfermedad mental, no es una condición que se genere por una falla en el funcionamiento de la mente, sino que es una situación social”, afirmó.

Agregó que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud no consiste únicamente en la ausencia de una enfermedad psiquiátrica, sino también en el desarrollo pleno de nuestras potencialidades y capacidades. En este sentido, invitó a reflexionar sobre cuáles son las facultades que una persona sana debe cultivar, señalando una en particular cuya ausencia puede propiciar la adhesión a comunidades como la incel: el juicio crítico.

Asimismo, estableció la diferencia entre agresión y violencia, al explicar que la primera puede ser un síntoma derivado de una enfermedad mental y, en muchos casos, tiene un carácter defensivo; mientras que la segunda constituye un fenómeno social cuyo motor es el ejercicio del poder.

Al referirse nuevamente a la comunidad incel y a la misoginia, la doctora Martínez Romero hizo un llamado a no justificar ningún tipo de violencia bajo estas premisas: “Ambas son condiciones sociológicas que pueden generar trastornos mentales, pero aun cuando una persona tenga un trastorno mental, eso no justifica la violencia. La violencia no es una enfermedad”, insistió.

La censura no es la solución

Para prevenir estos fenómenos, la doctora enfatizó que no basta con la censura. Es fundamental enseñar a los jóvenes a desarrollar pensamiento crítico, ser selectivos con la información y relacionarse con empatía.

El doctor Diego Coronel coincidió en que la solución no está en censurar, sino en promover la educación emocional y el cuidado de la comunidad universitaria frente a posturas radicales y misóginas. Destacó la responsabilidad de los docentes para formar pensamiento crítico y fomentar la empatía sexo-genérica.

Subrayó la importancia de implementar programas que contrarresten los discursos de odio, integrando espacios de reflexión sobre género, poder y afectividad en el currículo universitario. Estos espacios deben apoyarse en metodologías activas que fortalezcan la escucha, el diálogo y la cooperación, en contraposición a narrativas que exaltan la competencia, el aislamiento y la masculinidad herida.

Además, afirmó que los jóvenes necesitan recursos de salud mental que vayan más allá del consultorio, creando espacios donde puedan expresarse, escuchar y aprender a cuidarse mutuamente. “La educación emocional se nutre del encuentro”, señaló. Por ello, propuso redes de acompañamiento psicoeducativo basadas en tres niveles: validar sin idealizar el odio, comprender el aislamiento y reconstruir.

Finalmente, la mesa concluyó con una sesión de preguntas y respuestas con el público, fomentando un diálogo abierto y continuo.

La moderación estuvo a cargo de Beatriz Cerda de la O, médica especialista en psiquiatría e integrante de la CInIG de la FacMed, quien destacó que el propósito del encuentro fue reflexionar sobre los discursos radicales que, en las últimas décadas, se han difundido principalmente a través de medios digitales y que promueven la discriminación y los discursos de odio hacia las mujeres. Tales narrativas, señaló, ponen en riesgo a los hombres jóvenes al incentivar distintas formas de violencia de género, con repercusiones tanto en la sociedad como en la comunidad universitaria.

El diálogo se desarrolló en un formato de preguntas y respuestas con la participación de tres especialistas que abordaron el fenómeno desde distintas perspectivas y campos de conocimiento. Participaron René López, licenciado en Economía por la UNAM y colaborador del CONAPRED; Beatriz Martínez Romero, médica psicoanalista y psicosomatista del Hospital General Ajusco Medio; y Diego Coronel, médico psiquiatra y responsable del Programa de Salud Mental de la Facultad de Medicina.