Fuente: Gaceta UNAM

Carlos Ochoa Aranda – Sep 17, 2026

La xenofobia, la aporofobia, el género, la situación económica, el país de origen y las condiciones en las que se realiza el trayecto pueden superponerse y aumentar los riesgos que enfrentan las personas migrantes, explicaron las universitarias Sofía Teresa Díaz Torres y Jessica Ximena Montes de Oca Quiroz.

La vulnerabilidad no es una condición fija ni inherente a ciertos grupos, sino una configuración dinámica de factores económicos, raciales, de género y políticos que se superponen y amplifican entre sí. Las condiciones de recepción de las personas migrantes varían según factores como el país de origen, la situación económica, el género y las circunstancias del trayecto.

Lo anterior se menciona en el libro Capas de vulnerabilidad de las poblaciones migrantes en México, de las autoras Sofía Teresa Díaz Torres y Jessica Ximena Montes de Oca Quiroz, candidatas a doctoras por el programa de maestría y doctorado en Ciencias Médicas Odontológicas y de la Salud, del campo del conocimiento de Humanidades en Salud y del campo disciplinario Bioética UNAM.

La obra tuvo su origen en el ensayo con el que las autoras obtuvieron el tercer lugar del concurso Escribir para la Bioética, organizado por el Programa Universitario de Bioética de la UNAM.

La investigación nació de una inquietud que las autoras comenzaron a compartir hace aproximadamente un año y medio, cuando las protestas contra la gentrificación en Ciudad de México colocaron en la discusión pública la presencia de extranjeros y las diferencias en la forma de percibirlos.

Sofía Díaz es médica por la Escuela Superior de Medicina del IPN y filósofa por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, mientras que Jessica Montes de Oca es licenciada en Odontología y maestra en Bioética por el IPN.

Montes de Oca Quiroz recordó que, en redes sociales, medios de comunicación e incluso en espacios académicos encontraron discursos nacionalistas y xenófobos que establecían diferencias entre quienes llegaban del llamado norte global y aquellos procedentes del sur global.

“Había un rechazo hacia ellos no por el hecho de ser extranjeros, sino también por su condición económica. Entonces sí existía una distinción de clases sociales”.

Fue ahí donde identificaron que la discusión no podía limitarse a la xenofobia –el repudio a las personas extranjeras–, sino que debía incorporar la aporofobia, es decir, el rechazo a las personas pobres.

Para Díaz Torres, un momento importante para dimensionar el fenómeno fueron los campamentos de migrantes que comenzaron a hacerse más visibles en Ciudad de México. Uno de ellos fue el instalado en la plaza Giordano Bruno, en la colonia Juárez, al que acudió como parte de un proyecto que buscaba llevar libros y alfabetización.

“Nos dimos cuenta –puntualizó– que en ese proyecto, más que libros y alfabetización, las condiciones en las que estaba el campamento requerían lo más básico, como agua, medicamentos y comida”.

En este sentido, para analizar esa complejidad recurrieron a la propuesta de la filósofa argentina Florencia Luna, quien plantea comprender la vulnerabilidad mediante la metáfora de las capas.

“La teoría de Florencia nos permite que no solamente veamos la vulnerabilidad como algo innato a la humanidad, sino como algo contextual y dinámico”, detalló Montes de Oca Quiroz.

Haitianos trabajando en la Central de Abasto.

Estableció que la propuesta hace posible observar que una persona puede encontrarse en riesgo por distintas razones que se superponen: su condición económica, origen, género, edad, pertenencia étnica, ubicación geográfica o las circunstancias particulares en las que migra.

Una de las primeras dimensiones de análisis es cómo cambian las condiciones de la migración, según el lugar de origen, el destino y los recursos disponibles, señaló Díaz Torres.

Montes de Oca Quiroz añadió que también es necesario reconocer las condiciones que obligan a las personas a desplazarse. Quienes proceden del norte global pueden migrar por problemas económicos, políticos o por procesos de gentrificación en sus propios países; sin embargo, las condiciones en las que realizan el trayecto pueden ser menos riesgosas.

Esto no significa, aclaró, que unos deban ser considerados vulnerables y otros no: “Los del norte igual migran desde la vulnerabilidad, pero a lo mejor tienen una ruta un poco más cómoda que tiene que ver con la clase social y con la etnia”.

Las capas de vulnerabilidad también pueden reconocerse en situaciones cotidianas como acceder a una vivienda, estudiar, trabajar o recibir atención médica.

Díaz Torres puso como ejemplo los requisitos para rentar una vivienda: una de las primeras dimensiones de análisis es cómo cambian las condiciones de la migración según el lugar de origen, el destino y los recursos disponibles.

El género añade otra dimensión. Montes de Oca Quiroz indicó que las mujeres migrantes enfrentan riesgos particulares durante los desplazamientos. “Ellas están expuestas desde muy pequeñas a sufrir abuso sexual, a ser víctimas de trata de personas, a la explotación sexual”.

También existen diferencias en la manera de representar socialmente a las personas según su procedencia. Montes de Oca Quiroz refirió que en noticias y redes sociales quienes llegan del norte global suelen aparecer vinculados con “la innovación, la era digital” y la tecnología, mientras los provenientes del sur global son relacionados con empleos de servicios.

Frente a esta realidad, Díaz Torres consideró que desde la bioética y las políticas públicas es necesario comenzar por modificar la manera de formular el problema.

Por ello, propuso una respuesta intersectorial que incluya a universidades, escuelas, instituciones de salud y otras instancias. “Hay que pensar en cómo las universidades van a recibir a más migrantes, cómo los hospitales aceptarán a más migrantes. ¿Cómo vamos a asegurar que las personas migrantes reciban, por ejemplo, algo tan necesario para la cuestión epidemiológica como la vacunación?”.

Ximena Montes de Oca Quiroz coincidió en que México enfrenta una realidad diferente. Aunque históricamente ha sido territorio de tránsito hacia Estados Unidos, actualmente personas procedentes tanto del norte como del sur global están decidiendo establecerse en el país.

El lenguaje es otro terreno donde las desigualdades pueden reproducirse. Montes de Oca Quiroz sostuvo que expresiones como expat o “nómada digital” suelen utilizarse para quienes llegan del norte global, mientras la palabra “migrante” adquiere con frecuencia una connotación negativa cuando se relaciona con personas en condiciones económicas desfavorables.

Para Jessica Ximena, uno de los mensajes centrales de la obra es reconocer que en México pueden reproducirse las mismas formas de violencia y discriminación que se cuestionan cuando afectan a los mexicanos en otros países.

Sofía Díaz cerró con otra de las ideas centrales de la investigación: al mirar la migración desde las capas de vulnerabilidad, permite reconocer que detrás de cada desplazamiento existen circunstancias distintas y que ninguna persona puede ser definida únicamente por su condición de migrante.