Otro reto, atender las microviolencias y agresiones silenciadas
«En paridad, falta trabajar respeto y reconocimiento a mujeres»
Investigadoras reflexionan sobre temas pendientes para avanzar en el acceso equitativo de las ciencias
Fuente: Gaceta UNAM Feb 16, 2026
Por: Diana Saavedra / Leonardo Frías Cienfuegos

Se ha avanzado mucho en cuanto a la paridad de género en la investigación, pero aún falta trabajar en temas como el reconocimiento y respeto, combatir las microviolencias, así como ofrecer mejores protocolos de actuación ante agresiones, reflexionaron investigadoras reunidas en el Seminario Universitario de Historia, Filosofía y Estudios de las Ciencias y la Medicina.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, las Jóvenes y las Niñas en las Ciencias, conmemorado el 11 de febrero, María de Lourdes Segura Valdez, de la Facultad de Ciencias (FC), detalló que según el Sistema Integral de Información Académica de la UNAM, de 2 mil 352 académicos de tiempo completo contratados en la Universidad, mil 636 son mujeres, lo que puede percibirse como un trato más equitativo. De ahí que, consideró, es necesario trabajar más en fomentar una cultura de reconocimiento al trabajo realizado por todas.
Agregó que “superar y deconstruir los esquemas patriarcales o machistas va más allá de los ámbitos académico y de investigación. A veces se castiga, cuestiona o critica a la mujer, pareciera que debemos hacer cosas extraordinarias para llamar la atención, y no sólo para que reconozcan el trabajo que hacemos, sino con todas nuestras actividades, para lograr el respeto de los compañeros”.
En tanto, Morelia Camacho Cervantes, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, destacó que ha sido testigo de microviolencias ya normalizadas a lo largo del tiempo, especialmente con expresiones o juicios cuestionando el motivo de una mujer para hacer un doctorado, ya sea buscando un matrimonio o un embarazo en el extranjero.
Durante el conversatorio “Mujeres en la Ciencia: Perspectivas transdisciplinarias a través de los años”, realizado en línea, señaló que uno de los principales retos que persisten es el tener que demostrar desde el principio su valor, pues, a diferencia de los hombres, que hablan y automáticamente se les cree, en el caso de las mujeres se tiene siempre una duda de la veracidad de sus palabras.
María Clerici Hirschfeld, investigadora posdoctoral de la Dirección General de Asuntos del Personal Académico en la FC, recordó que desde hace una década, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura impulsó la creación de la efeméride, del 11 de Febrero, para celebrar las contribuciones de las mujeres en la ciencia y sensibilizar sobre la necesidad de que la ciencia y la igualdad de género avancen de la mano.
Precisó que el mayor desafío se encuentra en aquello que no se dice, es decir, aquellas violencias que son silenciadas o no son apoyadas entre compañeras y que pueden minar la autoestima de las nuevas investigadoras.
Las que mueven la Tierra
En el Instituto de Geofísica (IGf) se realizó el Foro “Mujeres que mueven la Tierra y el territorio”, en el que destacadas académicas compartieron en primera persona su historia, que las llevó a hacer ciencia, además de sus aportaciones.
Ilia Alvarado Sizzo, del Instituto de Geografía, fue una niña muy curiosa y confesó tener siempre muchas preguntas.
“Estaba obsesionada, cada vez que interactuaba con algún entorno diferente, que leía un libro, que veía fotografías de paisajes distintos, de personas distintas, me empezaron a surgir dudas: ¿cómo se vive en otros lugares?, ¿por qué son las cosas distintas de un país a otro, de un continente a otro?, ¿por qué hay tanta diversidad en los seres humanos?
En el Auditorio Tlayolotl-Dr. Ismael Herrera Revilla del IGf, Teresa Pi Puig, del Instituto de Geología, compartió: “yo era una niña normal”. Lo que ocurre es que a veces nos ven como si fuéramos individuos muy especiales, pero cada persona lo es; tuve mucha suerte por esa curiosidad natural que tenía”.
Lo más importante que ha hecho, puntualizó, “ha sido desarrollar con la ayuda institucional un laboratorio que se dedica a la caracterización mineralógica.
Erika Danaé López Espinoza, del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático, confesó: “desde muy pequeña recuerdo mucho ver en las caricaturas a ese científico que está en los laboratorios investigando; creo que de ahí surgió esta necesidad de querer serlo”.
De sus aportaciones cabe resaltar “la mejora de los pronósticos meteorológicos”. Sin embargo, la formación de estudiantes también es muy importante para ella.
Ana Lillian Martin del Pozzo, del IGf, recordó el momento cuando tomó una cuchara “de esas grandes, y me puse a excavar, a ver qué había abajo de mi casa”. El estudio, continuó, realmente es un privilegio que se tiene que aprovechar y gozar, lo cual trato muchas veces con mis alumnas y alumnos.
“Hemos aportado al conocimiento de diferentes volcanes: el Chichón (Chiapas); el de Colima; los monogenéticos, que tantos hay cerca de Ciudad Universitaria, y, sobre todo, el Popocatépetl, que nos ha tenido ocupados en las últimas tres décadas”, finalizó.





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