Andrea Echeverri: ser incómoda también es una forma de libertad
Por Karla Almaraz (becaria de la CIGU).
La cantante, compositora y artista colombiana Andrea Echeverri volvió a recordarnos por qué su voz sigue siendo una de las más singulares del rock latinoamericano. Con más de tres décadas de trayectoria, la líder de Aterciopelados habló sin filtros sobre el éxito, el feminismo, la música y los estereotipos que todavía pesan sobre las mujeres en la industria musical.
En la rueda de prensa previa a su presentación por el 8M en Las Islas de Ciudad Universitaria, Echeverri compartió que, más allá de la idea tradicional de fama, apuesta por otra forma de éxito: ser fiel a sí misma.
“En todas partes me dicen que soy incómoda. Y está bien. Yo sigo en la lucha. No es que diga: ya fui exitosa. Seguimos peleando por defender lo que creemos valioso”.
En un panorama musical dominado por tendencias comerciales, la artista se define con una frase que resume su trayectoria: “Soy obrera del rock”.
No hay jets privados ni lujos de celebridad. Hay constancia, coherencia y más de treinta años viviendo de la música. Para ella, el éxito no se mide en cifras ni en popularidad global, sino en la posibilidad de sostener una voz propia.
Echeverri también reflexionó sobre cómo las mujeres siguen enfrentando presiones estéticas y narrativas dentro de la cultura pop. En su opinión, muchos discursos de “liberación femenina” o empoderamiento siguen atravesados por una mirada masculina que reduce a las mujeres a la sensualidad.
“Las mujeres somos tantas cosas más: profundas, poderosas, increíbles. Y muchas veces todo se reduce a lo sexy”.
Desde esa postura crítica, la artista ha construido una carrera que desafía estereotipos desde los años noventa, cuando canciones como Bolero Falaz se convirtieron en himnos de una generación que buscaba nuevas formas de expresar la identidad femenina en el rock.

Foto: Karla Almaraz.
El 8M como construcción colectiva
Al hablar del significado del Día Internacional de la Mujer (8M), Echeverri recordó una experiencia íntima y simbólica: un pequeño concierto improvisado en el Jardín Juárez del Centro de la Ciudad de México, hace algunos años, donde mujeres se reunieron con guitarras para cantar en medio de la noche.
No había luces ni gran producción, pero sí un gesto político: conmemorar una lucha histórica.
Para Echeverri, el reto sigue siendo crear espacios donde las mujeres puedan narrarse a sí mismas, sin tener que ajustarse a expectativas externas, y la lucha feminista puede ser una de ellas.
En un momento cultural donde muchas artistas son presionadas a mantenerse jóvenes, sensuales y perfectas, la cantante responde con ironía y honestidad:
“Ni sexy ni joven. Soy una vieja amargada… y escribo canciones de eso”
La frase, lejos de ser una autocrítica, funciona como declaración política: romper con la idea de que las mujeres deben cumplir estándares permanentes de belleza o deseo para ser un referente de éxito.
Treinta años después de iniciar su carrera, Andrea Echeverri sigue defendiendo lo mismo: que cada mujer pueda construir su propia identidad.
Sin pedir permiso.
Sin cumplir moldes.
Y sin dejar de incomodar.
Foto: Michel Ortiz.





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