«Las disciplinas sociales también son ciencias»

Fuente: Gaceta UNAM Feb 12, 2026

Por: Selene Aldana (socióloga feminista)*

Cuando se habla de la fecha del 11F suele darse por sentado que nos referimos a las que se han denominado ciencias CTIM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), dejando por fuera, sin necesidad de explicitarlo, a las sociales. Parece que, en el imaginario colectivo, las CTIM son “las de verdad”. Pero dar simplemente por buena la valorización desigual de estas ciencias y de las sociales reproduce una mirada androcéntrica y capitalista de la ciencia, en la que se valora más aquellas áreas de conocimiento que se simbolizan como masculinas y son consideradas instrumentalizables y monetizables.

Resulta muy importante hablar, sin jerarquizaciones, de las ciencias en plural, incluyendo en esa categoría a las sociales, reconociendo que sus posibilidades son diversas, y no hay una sola forma válida de ellas. En este mundo atravesado por genocidios, colonialismo, crisis hídrica y ambiental, feminicidios, etcétera, las ciencias sociales son fundamentales. Hoy más que nunca necesitamos científicas, científicos y científiques sociales para “reinventar” este mundo incendiado.

Sin embargo, datos de la UNAM constatan una tasa decreciente en la inscripción a carreras de ciencias sociales desde 2020. Esto ocurre en un contexto pospandémico de déficit de sentido y desencanto en torno al futuro para las juventudes, así como del reforzamiento de discursos conservadores en el ámbito internacional, lo cual ha tenido un efecto de alejamiento de ese sector de la población de las carreras basadas en el pensamiento crítico y el compromiso social.

Por eso es muy importante redoblar esfuerzos por dar a conocer a las infancias y juventudes las potencialidades de las ciencias sociales. ¿Cómo es que ya hay proyectos tan lindos para animar a las niñas a hacerse físicas o ingenieras, pero no hay para que quieran ser sociólogas, economistas, historiadoras o periodistas? Habría que hacer algo a fin de que las infancias de primaria puedan soñar con –“de grandes”– ser analistas políticas, investigadorxs sociales y científiques sociales.

También en las ciencias sociales hay mucho por hacer en la incentivación de vocaciones. Aún existen algunas áreas marcadamente masculinas como economía (con mayoría masculina del 71 %) o ciencia política y administración pública (con un 60 %), quizá precisamente por ser aquellas que se piensan como las “ciencias sociales más serias” y que tratan los aspectos que se consideran más cruciales: la producción y el gobierno.

“Hoy más que nunca necesitamos científicas, científicos y cientifiques de esta área para ‘reinventar’ este mundo incendiado”

Y aún en las licenciaturas de ciencias sociales con amplia participación femenina, ¿qué perfil de mujeres están dentro? ¿En qué medida están estudiando carreras de ciencias sociales mujeres de pueblos originarios o de las periferias, o de las disidencias sexuales o con discapacidad? De eso no disponemos datos, aunque podemos intuir que los números no son positivos.

Pero que no se malentienda, ni en las CTIM ni en las ciencias sociales pedimos que nos hagan un huequito en un mundo de ciencia masculina; sino que reclamamos lo que históricamente nos ha sido arrebatado. Y es que encontramos un patrón histórico por el que, en los principios de muchos saberes científicos, las mujeres –muchas veces de extracción popular– tuvieron una destacada participación que fue marginada conforme esa área de conocimiento ganaba prestigio y se institucionalizaba. Con esto, hemos sido alienadas –separadas– de la historia del conocimiento científico.

Como resultado, hoy en día, la currícula universitaria se encuentra casi completamente masculinizada. Aún en las carreras más altamente feminizadas en la UNAM, como Psicología o Trabajo Social. La bibliografía de los planes de estudio permanece mayoritariamente de autoría masculina, algo que se debe atender de manera urgente en los actuales procesos de reforma a planes de estudio de nuestra Universidad.

Así que la conmemoración del 11F no se limita a una jornada de exigencia de mayor “representatividad” femenina en la ciencia. No queremos entrar al mundo de las ciencias para jugar el mismo juego que por décadas nos ha marginado; deseamos habitarlo para transformarlo y refundarlo construyendo instituciones científicas libres de violencias, en las que las mujeres y las personas de grupos históricamente oprimidos seamos plenamente reconocidas como agentes epistémicas en nuestros propios términos.

*Facultad de Ciencias Políticas y Sociales