Fuente: Gaceta UNAM

Hablar de la trata de personas implica profundizar en una realidad compleja que suele percibirse como ajena. El desconocimiento generalizado oculta las estructuras de violencia, explotación y desigualdad que siguen propiciando que los seres humanos sean reducidos a objetos de intercambio y sometimiento, dijo Elsa Ramírez Leyva, directora general de Bibliotecas y Servicios Digitales de Información de la UNAM.

“Es significativo nombrar la esclavitud, concepto que solemos asociar al pasado como si perteneciera a otros momentos históricos”, indicó en la apertura del conversatorio “Nombrar la esclavitud: denunciar e investigar la trata de personas”, organizado por la Cátedra Extraordinaria sobre Trata de Personas y Violencias de la UNAM.

En la Sala de Lectura de la Biblioteca Central, acotó que por esa razón, la Cátedra, encabezada por Mario Luis Fuentes Alcalá, aborda la esclavitud moderna, tema en el que trabaja intensamente por desvelar diversos aspectos sobre este fenómeno e integrar la temática en la Universidad mediante la investigación, docencia, educación continua y divulgación.

Al dar la bienvenida a los autores de la investigación periodística “Esclavos en la Sierra Tarahumara. Sobrevivir a los campos de trabajo forzado del narco”, Marcela Turati, Thelma Gómez Durán y Eliezer Budasoff, planteó que el conocimiento debe visibilizar y fortalecer las capacidades de las personas e instituciones para intervenir frente a las distintas formas de violencia.

En su intervención, Mario Luis Fuentes destacó la necesidad de hablar sobre la esclavitud, eje central de esta investigación periodística, “la gran injusticia histórica, una realidad innombrable”.

Consideró que este trabajo es una crónica dura, producto del periodismo de investigación, que funciona como un destello de conciencia en medio de la oscuridad, iluminando una realidad latente para recordarnos que el problema sigue ahí.

Afirmó que la obra presentada en la Biblioteca Central es un reportaje o un testimonio que estremece en todos los sentidos. Un problema del que todos saben, pero que suelen ignorar o normalizar.

Documentación

Los autores de “Esclavos en la Sierra Tarahumara. Sobrevivir a los campos de trabajo forzado del narco” señalaron que en el texto se documenta la existencia de una red de trata que mediante engaños reclutó a hombres jóvenes y en condiciones de precariedad para trasladarlos a zonas aisladas de la Sierra Tarahumara, donde fueron privados de la libertad y obligados a cultivar amapola y marihuana bajo amenazas, castigos y vigilancia de grupos criminales.

Thelma Gómez Durán, colaboradora de Quinto Elemento Lab, especializada en temas de medio ambiente y derechos humanos, recordó que a mediados de 2019 la Fiscalía de Chihuahua organizó una conferencia de prensa para anunciar el rescate de 21 hombres que vivían en condiciones de esclavitud, los tenían viviendo en cuevas y a quienes no alimentaban bien ni les pagaban.

A todos los habían llevado con ofertas falsas de empleo y eran habitantes de diferentes lugares de Chihuahua. “Marcela Turati tuvo acceso a la lista de nombres de esos 21 hombres rescatados. A partir de ahí teníamos hilo de donde jalar para entrevistarlos. Vimos que su esclavización no era para el sicariato y que se trató del primer caso documentado en el que hombres fueron engañados para ir a trabajar en un sitio lleno de cuevas de la Sierra Tarahumara”.

Marcela Turati, cofundadora de Quinto Elemento Lab y dedicada a la investigación de violaciones a los derechos humanos y a la cobertura de temas relacionados con víctimas de la violencia de la guerra contra el narcotráfico en México, subrayó que va en crecimiento el tema de esclavitud y reclutamiento forzado para diferentes labores; sin embargo, carecemos de leyes que castiguen estos delitos.

Se trataba de personas cuya vida era muy precaria, desempleadas, con deudas económicas, padres con hijos que mantener; otros involucrados con el tema de drogas, tanto migrantes internos (jornaleros) como centroamericanos desempleados que necesitaban urgentemente un trabajo, a los que alguien llegaba y les ofrecía empleo. Entonces se subían a una camioneta y a veces ni siquiera le decían a su familia cuándo regresarían”, afirmó.

Eliezer Budasoff, editor especializado en reportajes de fondo y de formato largo, así como exdirector editorial de The New York Times en español, añadió que este trabajo ataca directamente dos mitos comunes que se repiten mucho. Por un lado, el del narcobenefactor, que no lo son, pues en realidad están esclavizando a la gente. Por otra parte, esa idea que se reproduce en el discurso sobre las personas que no tienen posibilidades, se meten al narco para obtener dinero fácil; “esto muestra lo lumpen marginal y doloroso que es”.

No obstante, en una parte de las escalas más bajas de la economía criminal, las fronteras entre víctimas y victimarios se disuelven, porque, en efecto, la gente está tratando de sobrevivir.