Placer visual y cine narrativo
Escrito por Laura Mulvey (Artículo tomado de The City University of New York).
* Publicado originalmente en Screen 16, 3 (otoño, 1975), pp. 6-18. Este artículo es una reelaboración de
una ponencia presentada en el Departamento de francés de la Universidad de Wisconsin, Madison, en la primavera de 1973.
A. Un uso político del psicoanálisis.
Este estudio pretende utilizar el psicoanálisis para descubrir dónde y cómo los mecanismos de fascinación del cine se ven reforzados por modelos preexistentes de fascinación que operan en el sujeto individual y en las formaciones sociales que lo han moldeado. Como punto de partida, tomaremos la manera en que el cine refleja, revela e incluso interviene activamente, en la interpretación recta, socialmente establecida, de la diferencia sexual que domina las imágenes, las formas eróticas de mirar y el espectáculo. Para elaborar una teoría y una práctica capaces de desafiar al cine anterior, resulta conveniente comprender lo que fue, el modo en que operó su magia en el pasado. Así pues, la teoría psicoanalítica actuará aquí como un arma política, poniendo de manifiesto cómo el inconsciente de la sociedad patriarcal ha estructurado la forma fílmica.
II. El placer de la mirada – La fascinación con la forma humana.
A primera vista, el mundo del cine no parece guardar ninguna relación con el mundo clandestino de la observación subrepticia de una víctima inconsciente e involuntaria. Lo que se ve en la pantalla se exhibe abiertamente. Sin embargo, el grueso de la producción cinematográfica dominante y las convenciones en cuyo seno ha evolucionado conscientemente representan un mundo herméticamente sellado que se despliega mágicamente, indiferente a la presencia del público, produciendo en éste una sensación de separación y jugando con sus fantasías voyeuristas.
Además, el contraste extremo entre la oscuridad de la platea (que sirve también para que los espectadores se aíslen unos de los otros) y el brillo de las formas cambiantes de luces y sombras en la pantalla contribuye a promover la ilusión de la distancia voyeurista. Aunque la película se está exhibiendo realmente, aunque está ahí para ser vista, las condiciones de proyección y las convenciones narrativas proporcionan al espectador la ilusión de estar mirando un mundo privado.
Entre otras cosas, la posición de los espectadores en el cine es manifiestamente una posición de represión de su exhibicionismo y de proyección del deseo reprimido sobre el intérprete.
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