Fuente: Gaceta UNAM

El sentido de pertenencia de las juventudes se cultiva en el trabajo comunitario cotidiano y en relaciones horizontales que las reconozcan como agentes activos y moldeadores de realidades sociales diferentes. Sobre esa premisa construyó su participación Leticia Cano Soriano, directora del Programa Universitario sobre Cultura de Paz y Erradicación de las Violencias (PUCPAZ) de la UNAM, en la conferencia/panel “Educación para la paz y no violencia”, primera de las seis que integraron el Primer Diálogo Nacional por una Cultura de Paz.

El encuentro fue convocado por Rocío Bárcena Molina, subsecretaria de Construcción de Paz, Participación Social y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, y se desarrolló los días 17 y 18 de septiembre en el Salón Revolución del Conjunto Bucareli, con la participación presencial de instituciones de educación superior y de representantes de los tres órdenes de gobierno, y transmisión simultánea a universidades de las 32 entidades federativas. Su realización se inscribió en la conmemoración del Día Internacional de la Paz, del pasado 21 de septiembre.

La primera pregunta detonadora situó el tema en su dimensión más concreta: ¿de qué manera la educación para la paz puede fortalecer el sentido de pertenencia de las juventudes frente a la captación de los grupos delictivos? Leticia Cano planteó que las acciones que se realizan en torno a la educación para la paz resultan fundamentales: “En la medida en que se sostiene una relación más horizontal con las juventudes, se les escucha y se promueve una ciudadanía crítica y activa, se puede avanzar a la generación de ambientes pacíficos y preventivos de violencias sociales”. Ese proceso relacional exige abrazar las diferencias, entender las necesidades y trazar una ruta hacia la construcción de acuerdos, un recorrido que se despliega en el tiempo y se verifica en la calidad de los vínculos que se entretejen.

La conversación también se orientó hacia la articulación institucional y formas de acompañamiento de carácter comunitario, ante lo que Cano Soriano ofreció una formulación que condensa la propuesta del Programa: “Las voluntades se tienen que entretejer. Ese entretejido debe acompañarse de ejes transversales que ponderen la igualdad, inclusión, interseccionalidad, perspectiva de género, interculturalidad, el respeto a la dignidad humana y los derechos humanos, y por supuesto la justicia social. En ello creemos firmemente y con esa convicción situamos el proceso comunitario que hemos emprendido en el bachillerato de la UNAM, con las Comunidades Tejedoras de Paz, como agentes activos, con el apoyo de todas las entidades académicas, direcciones generales, y de la Fundación UNAM, en donde las comunidades abracen la perspectiva de vivir en entornos de paz”.

Consideró que las funciones sustantivas de las instituciones de educación superior se entretejen hasta alcanzar el potencial de crear realidades comunitarias activas, mediante programas centrados en la prevención de las violencias y en la promoción de ambientes pacíficos capaces de hacer aflorar procesos relacionales distintos, atravesados por valores que contribuyan a la construcción de colectividad.

Cerró su participación con una experiencia reciente. “Días atrás, en Ciudad Universitaria, el PUCPAZ en alianza con dependencias universitarias, entidades académicas, gobierno, sociedad civil, la Cancillería, la Embajada de Noruega, NOREF, realizó la Segunda Semana Nacional Cultura de Paz, UNAM 2026, ‘Juventudes: encuentros y voces’. Lo maravilloso de esos días fue escuchar y aprender de comunidades y juventudes creadoras, deportistas, artísticas, científicas, migrantes, refugiadas, buscadoras, indígenas, entre otras, que estuvieron en el escenario compartiendo los retos que implica descolocar a las violencias sociales y construir los caminos hacia la cultura de paz”.

A su vez, Rocío Bárcena Molina, propuso pasar del diálogo a la acción y construir desde la conciencia y la esperanza colectiva, y pensarse en comunidad como construcción de vida en las juventudes.

Alma Xóchitl Herrera Márquez, rectora de la Universidad Nacional Rosario Castellanos, se refirió al sentido de pertenencia como una forma de vida e invitó a sumar las voces de las juventudes. Luis Armando González Placencia, secretario general ejecutivo de la ANUIES, situó los derechos humanos como base para construir un sentido de comunidad. Carlos Contreras Ibáñez, coordinador del Proyecto de Psicología Social para la Paz de la UAM Unidad Iztapalapa, invitó a pensar al otro desde la reciprocidad, más allá de los modelos individualistas y mercantiles, y planteó escuchar a las juventudes al tiempo que se agencia responsabilidad con ellas.

La moderación estuvo a cargo de José Antonio Sandoval Tajonar, director general del Instituto de Estudios Superiores para la Paz y el Desarrollo.