El cine como herramienta para transitar heridas en la Filuni 2026

Por Karla Almaraz (becaria de la CIGU)

En el conversatorio “Nos crecieron alas: de la herida a la lucha en América Latina”, Paula Mónaco Felipe, Astrid Rondero, Fernanda Valadez y Sandra Lorenzano reflexionaron sobre el cine como herramienta para enfrentar las violencias y defender los derechos humanos.

¿Cómo hacer frente al dolor sin quedarse atrapadas en él? ¿Qué hacemos después de la violencia? ¿Cómo convertir la memoria en una herramienta para resistir? Estas preguntas atravesaron el conversatorio, donde las participantes coincidieron en una idea: el arte no solo representa la realidad, también puede transformarla.


Foto: Karla Almaraz

Paula Mónaco  planteó la importancia de construir memoria desde las experiencias de las mujeres, y transformar el dolor en creación para generar espacios capaces de unir a las personas, donde destacó que “necesitamos un mundo libre de violencias, sino un mundo donde seamos felices”, desplazando la discusión feminista de la sola denuncia hacia la posibilidad de imaginar otras formas de vida. 

En ese punto, el cine adquirió un papel central. Astrid Rondero y Fernanda Valadez hablaron desde su experiencia como cineastas y creadoras de Sujo, película de 2024, sobre una industria que históricamente ha mantenido estructuras jerárquicas y pocas oportunidades para las mujeres, lo que implica una responsabilidad: hacer lugar para otras. También hablaron de la necesidad de construir relatos desde la empatía y de preguntarse cómo representar realidades que durante mucho tiempo no habían sido retratadas de esa manera.



Foto: Karla Almaraz

De esta manera, las participantes señalaron que, a nivel mundial, existe una reacción violenta frente a los cambios culturales promovidos por los feminismos, particularmente entre sectores de hombres jóvenes. Ante ello, surgió una preocupación fundamental: los derechos conquistados pueden perderse.

La respuesta no apareció como una fórmula única, sino como una responsabilidad colectiva que involucra a distintas generaciones, por lo cual una obra debe llegar a las personas únicamente porque quienes la producen consideran que el tema es importante, sino la apuesta consiste en provocar pensamientos y sentimientos, abrir conversaciones y generar preguntas, sin convertir el arte en un discurso didáctico.

Finalmente el conversatorio dejó una idea que atraviesa las experiencias compartidas: la memoria no tiene que ser únicamente un registro del dolor. También puede convertirse en una herramienta para resilir, donde el cine es la herramienta de disputa y un espacio para encontrarse, porque como recordó Lorenzano  durante la conversación, “juntas somos más fuertes”.

Foto: Karla Almaraz