Fuente: Gaceta UNAM

Académicos y activistas cuestionaron la ausencia de mecanismos para garantizar la convivencia entre la fiesta mundialista y una de las movilizaciones más importantes de la diversidad sexual y de género en la Ciudad de México.

En el marco de la Copa Mundial de Futbol 2026, organizada por Canadá, Estados Unidos y México, el Centro de Estudios Sociológicos (CES) de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), a iniciativa del Colectivo LGBTTTIQ+ Polakas, sea realizó la mesa de diálogo virtual “¿Marcha del Orgullo o Fiesta Mundialista? Fuera de Lugar en el Zócalo”. El encuentro tuvo como objetivo reflexionar sobre las tensiones surgidas entre la celebración mundialista instalada en el zócalo capitalino y la 48va Marcha del Orgullo LGBTTTIQA+ de la Ciudad de México.

Moderada por Naomi Rasgado Reyes, estudiante de Antropología, y Carlos Martínez-Carmona, profesor de la FCPyS, la mesa reunió a activistas con amplia trayectoria dentro del movimiento para discutir las implicaciones que tiene el desplazamiento de las actividades de cierre de la Marcha del Orgullo hacia las inmediaciones del Palacio de Bellas Artes, así como los retos que enfrenta el movimiento para preservar la memoria política de esta movilización histórica.

Uno de los ejes centrales de la discusión fue que la planeación del evento mundialista y la utilización del Zócalo para actividades vinculadas al torneo eran hechos conocidos desde años atrás, y que estos serían coincidentes con la celebración de la cuadragésimo octava Marcha del Orgullo. En ese sentido, las personas participantes cuestionaron que no se hubieran construido mecanismos de coordinación institucional que permitieran la convivencia entre ambos acontecimientos sin afectar el significado histórico y político de la Marcha.

Alonso Hernández, integrante del Comité Histórico, señaló que el reconocimiento de la Marcha del Orgullo como patrimonio cultural habría proporcionado herramientas jurídicas para exigir el respeto a su recorrido histórico y a su punto tradicional de conclusión en el Zócalo de la Ciudad de México.

Por su parte, Sergio Ángel, del Comité Orgullo y Dignidad, recordó que desde administraciones anteriores el Zócalo ha sido ocupado por distintos eventos durante el último sábado de junio. No obstante, sostuvo que la plaza pública posee un profundo valor simbólico para las colectividades de las disidencias sexogénericas. “El que hoy nos manden a la Alameda al evento final es retroceder”, afirmó.

Desde una perspectiva centrada en la accesibilidad, Ana de Alejandro, de la Red de Madres Lesbianas, explicó que desde hace varios años la movilización se ha vuelto cada vez más compleja para determinados sectores de la población. Señaló que muchas familias, infancias, personas mayores y personas con discapacidad enfrentan dificultades para recorrer trayectos largos y congestionados, situación que en esta ocasión con un Zócalo mundialista supone mayores complicaciones para manifestarse libremente.

A su vez, Joe M. Almaguer, de CADI, destacó que el futbol y la diversidad sexual no son ámbitos incompatibles y que ambas expresiones conviven en distintos espacios sociales y deportivos. Como ejemplo, mencionó iniciativas como los Juegos Latinoamericanos LGBT+, que han contribuido a generar espacios de inclusión y participación. En la Ciudad de México ante la falta de coordinación se perdió la oportunidad de lanzar un mensaje potente de inclusión en un mundo en dónde se comienza a retroceder en los derechos y el reconocimiento a las diversidades sexogénericas.

Hacia el cierre del encuentro surgió una pregunta compartida: ¿cómo preservar la memoria histórica y la dignidad política de la Marcha del Orgullo frente a los procesos de comercialización y espectacularización?

Las y los ponentes coincidieron en que una vía para fortalecer la defensa de la movilización consiste en avanzar hacia su reconocimiento como patrimonio cultural inmaterial de la Ciudad de México. Asimismo, señalaron la importancia de seguir ocupando y resignificando los espacios públicos como el que hoy ocupa el Mundial.

La mesa permitió reflexionar sobre el derecho a la ciudad, la memoria de los movimientos sociales y los desafíos que enfrentan las colectividades de las disidencias sexogénericas para mantener vigentes sus demandas en escenarios urbanos cada vez más disputados.