Mary Wollstonecraft: ideas que trascienden las barreras del tiempo y espacio
Por Nantli Pérez (prestadora de servicio social en la CIGU).
Mary Wollstonecraft fue una mujer con una mente privilegiada, cuyas ideas le han conferido un lugar fundamental en la historia del pensamiento feminista.
Nace el 27 de abril de 1759 en Londres, Inglaterra, en el seno de una familia con dificultades económicas derivadas del alcoholismo de su padre. Trabajó como institutriz y traductora, lo que le permitió desarrollar sus ideas acerca de la educación de las mujeres, plasmarlas en sus obras y publicarlas, tal es el caso de María: Una ficción (1788).
En 1792 viaja a París, en medio de la Revolución francesa, donde nace su primera hija, Fanny. En 1796, tras su regreso a Londres, se une a un influyente grupo radical, al cual pertenecieron figuras destacadas como William Wordsworth, Thomas Paine, William Blake y William Godwin, con quien contraería nupcias el 19 de marzo de 1797; pocos meses más tarde, el 30 de agosto del mismo año, nace su segunda hija, Mary Godwin (1). Wollstonecraft muere sólo 11 días después. (Fernández 2024, 22)

Europa en el siglo XVIII -época en la que Mary Wollstonecraft crece y se desarrolla- está profundamente influenciada por movimientos sociales como la Revolución industrial y la Revolución francesa; cambios importantes en la estructura social; el surgimiento de la economía industrial y de la clase obrera; así como el Romanticismo y la Ilustración en el ámbito cultural.
El Romanticismo inglés surge durante la segunda mitad del siglo XVIII, como un movimiento literario impulsado por el desafío a las normas impuestas por la Ilustración, que parecían limitar la expresión emocional y la libertad individual, solidificando las diferencias individuales (Fernández 2024, Mayos 2007).
Libertad y educación para las mujeres
A pesar de las nuevas ideas acerca de la iluminación mediante el uso de la razón, las mujeres eran excluidas de universidades, y sólo un número reducido participaba en el estudio y debate de dichas ideas. Wollstonecraft notó estas contradicciones, y las abordó en una de sus obras más sobresalientes: Pensamientos sobre la educación de las hijas (1787).
La Revolución francesa también influenció su obra, pues, aunque dicho movimiento proclamaba un ideal de igualdad y libertad, estos aplicaban únicamente -o en su gran mayoría- a los hombres, discrepancia a la que Mary respondió con una de sus obras más influyentes, señalando que la revolución sería incompleta mientras no incluyera a la mitad de la humanidad, las mujeres.
En Reivindicación de los derechos de la mujer (1792), Wollstonecraft argumenta que la supuesta inferioridad de las mujeres no es natural, sino que es el resultado de una educación deficiente y de normas sociales restrictivas; también realiza una enérgica crítica a la idea de que las mujeres debieran ser educadas para agradar a los hombres, proponiendo en cambio una educación racional que desarrolle las capacidades intelectuales y morales de estas. (Cobo 1989: 216)
Su propuesta a la educación no solo resulta profundamente revolucionaria: hombres y mujeres deben recibir la misma formación, basada en la razón. Este énfasis en la “igualdad racional” constituye uno de los pilares de su pensamiento (Cobo 1989). Wollstonecraft sostiene que las mujeres son seres racionales y, por lo tanto, merecen los mismos derechos y oportunidades que los hombres.
Mary Wollstonecraft es considerada una de las precursoras del feminismo moderno, pues su defensa de la educación de la mujer y la igualdad formó un sustento sólido para los movimientos feministas que surgieron años después, haciendo de su obra un referente atemporal. Ella no solo fue una mujer con ideas adelantadas a su tiempo, sino que es una figura clave en la construcción de las ideas acerca de la desigualdad de género, y una autora obligada para comprender el desarrollo del feminismo y de los derechos humanos.
“Al luchar por los derechos de la mujer, mi argumento principal se basa en este principio fundamental: si no se la prepara con la educación para que se vuelva la compañera del hombre, detendrá el progreso del conocimiento y la virtud; porque la virtud debe ser común a todos o resultará ineficaz para influir en la práctica general. ¿Y cómo puede esperarse que la mujer contribuya a menos que sepa cómo ser virtuosa, que la libertad fortalezca su razón hasta que comprenda su deber y vea de qué modo se encuentra conectado con su beneficio real? Si se tiene que educar a los niños para que entiendan el principio verdadero del patriotismo, su madre debe ser patriota; y el amor al género humano, del que brota una sucesión ordenada de virtudes, solo puede darse si se tienen en consideración la moral y los intereses civiles de la humanidad; pero la educación y situación de la mujer en el momento presente la dejan fuera de tales investigaciones.” (Wollstonecraft 1792, 22)
(1) Mary Godwin es el nombre legal de la autora, el cual cambió a Mary Shelley tras casarse con Percy Shelley y adquirir su apellido en 1816.
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Bibliografía
Cobo, Rosa. “Mary Wollstonecraft: Un Caso de Feminismo Ilustrado.” Reis, no. 48, 1989, pp. 213–17. JSTOR, https://doi.org/10.2307/40183468
Fernández, Lorena. Mary Wollstonecraft-Shelly: Un relato sobre la fragmentación femenina. Escuela Nacional de Estudios Superiores, Plantel Morelia, UNAM, 2024.
Mayos, Gonçal, y Mestre, José. La ilustración y los derechos humanos. Editorial UOC, 2008.
Wollstonecraft, Mary. Vindicación de los derechos de la mujer. Penguin Clásicos, 2020.
Wollstonecraft, Mary. La educación de las hijas. El Desvelo, 2010.





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