Sapiencia y rebeldía
«Afirmaciones de cuatro científicas sociales…»
Fuente: Gaceta UNAM Feb 9, 2026
Por: Alejandra del Castillo / Dirección General de Divulgación de las Humanidades

Ximena Gutiérrez. / Linda Manzanilla. / María Elisa Franco. / Marcela Meneses. Fotos: Coordinación de Humanidades.
Ser sabia y científica puede ser un acto de rebeldía para las mujeres que decidieron dedicarse a las ciencias sociales y las humanidades, que, aunque parece un territorio ganado para ellas, también ha sido un lugar de conquista. Cuatro científicas sociales interdisciplinarias comparten las afirmaciones que hubo en su trayectoria para alcanzar sus metas de vida.
¿Tú, por qué no?
“Yo creo en ti, ¿tú, por qué no crees en ti?”, le dijo María Elisa Paulsen Camba a su nieta María Elisa Franco Martín del Campo. A ella le gustaba mucho estudiar y, cuando llegó el momento de entrar a la universidad, se enfrentó con algunas barreras e ideas equivocadas como que las mujeres no necesitaban una vida universitaria.
“Están todos estos prejuicios y roles que nos limitan, pero tener una persona que te diga: ‘Tú puedes cumplir tus sueños y vas a lograrlo’, es muy importante”, comparte la ahora doctora en Derecho.
María Elisa es una científica social y estudia e investiga las leyes para comprender los fenómenos sociales y resolver problemas. Ahora, ella trabaja sobre los derechos de las mujeres; los derechos de niñas, niños y adolescentes, y los medios para la protección de esos derechos.
Hacer valer su voz
De niña, Marcela Meneses Reyes quería ser rockera. No es casualidad que ahora sea socióloga y estudie las juventudes, movimientos sociales y temas de género.
Marcela expresa que, con la última oleada del movimiento feminista, las nuevas generaciones encabezadas por mujeres jóvenes, han permitido que las niñas y adolescentes se identifiquen de otra forma con las causas “de ser respetadas, escuchadas, validadas y tener derecho a desarrollarse en el ámbito que cada quien desea”.
“Esto permite a las niñas hacer valer su voz y su presencia en distintos espacios”, expresa la socióloga y madre de Emilia, una niña de 10 años que se manifestó junto con sus compañeras para demandar el derecho a estar presentes en un patio tomado por los niños y el futbol. “Me parece fundamental irles mostrando este camino de que su voz es relevante y que, si no la escuchan, tienen que hacerla valer en el espacio que estén”.
Desde la infancia
A Ximena Gutiérrez Vasques las computadoras siempre la hicieron sentir cómoda. A finales de los años 80, su papá, que trabajaba en IBM, llevó una computadora a casa cuando no era común tener una en el hogar.
En aquel entonces, las computadoras no eran fáciles de usar y se necesitaba conocimiento especializado; sin embargo, Ximena exploró sin límites y su curiosidad la llevó a aprender sola.
Ella piensa que “mientras más pequeña seas, estás menos expuesta a las construcciones sociales” que dicen que la tecnología y las ciencias duras son más de varones. “Las mujeres también podemos sentirnos como peces en el agua en estas áreas”, pero hay que fomentar una incursión desde la infancia y procurar la exposición a las cuestiones tecnológicas y científicas.
Hoy Ximena es lingüista computacional y se dedica a investigar sobre la inteligencia artificial, su labor es interdisciplinaria y, de forma reciente, fue nombrada program chair (jefa del programa académico) para la Conferencia Internacional de la Asociación de Lingüística Computacional en 2027.
Pasión y vocación
Era la década de los 60 cuando Linda R. Manzanilla Naim encontró su vocación en el libro de texto gratuito Civilizaciones como Egipto, Mesopotamia, India y China. Con 11 años, dijo: “Quiero estudiar esas civilizaciones”.
Aquella vocación de la futura arqueóloga, que brotaba de la Historia Universal, la llevó a ser la primera y única doctora en egiptología en México. No sólo esto: en 2003, la Academia de Ciencias de Estados Unidos, le escribió: “’Eres miembro internacional de la National Academy of Sciences’, la primera mujer mexicana que ingresa a la Academia de Ciencias de Estados Unidos”.
Para Linda R. Manzanilla el primer encuentro con la vocación se da entre los 8 y los 12 años y piensa que las niñas deben tener la oportunidad de encontrarla en sitios arqueológicos, museos o con telescopios y microscopios.
En su formación como arqueóloga siempre le permitieron ir a las prácticas de campo, cosa que no pasaba con otras de sus compañeras, pero ella siempre ha tenido determinación sobre su pasión: “Yo no iba a permitir que pusieran un obstáculo”.
Con casi 50 años como arqueóloga, Linda Manzanilla concluye: “Yo hago ciencia, no ciencia ficción, con el pasado. Éste es mi lema, ésta es mi vida”.





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