Adolescence y la derechización silenciosa

Por Valeria León (becaria CIGU).

Adolescence, la serie de Netflix, nos invita a reflexionar sobre la construcción del “ser hombre” y su impacto en la vivencia durante la adolescencia que se desarrolla en un espacio de presiones sociales y mandatos, especialmente en los espacios socio digitales.

A lo largo de 4 episodios, la miniserie nos muestra la soledad de Jamie Miller, un chico de 13 años, acusado de asesinato y que también ha participado en la esfera digital de los discursos de odio hacia las mujeres. Una realidad nada distante de la actual situación en México, que atraviesa una latente radicalización digital de las juventudes.

El caso de Jamie, motivado en parte por su crisis de masculinidad en la adolescencia, así como su consumo de contenido misógino en redes sociales (manósfera), no es un caso aislado, es un síntoma global. En nuestro país, los algoritmos de las comunidades online están operando como vías rápidas hacia la ultraderecha, atrayendo a jóvenes, mayoritariamente varones que se sienten desplazados y que encuentran en el fenómeno incel (célibes involuntarios) una identidad: la de culpabilizar a las mujeres por su propia frustración e, incluso, a algunos hombres.

Asimismo, nos encontramos en un escenario tanto político como social que ha dado un giro hacia la derechización, donde muchos jóvenes se identifican con ideas tradicionalistas. De acuerdo a una encuesta del Financial Times en 2024, los hombres de la “Generación Z” han migrado su posición política a la derecha, convirtiéndose en un grupo mayoritariamente conservador, por ejemplo, en países como Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y Corea del Sur la brecha entre mujeres liberales y hombres conservadores es del 20 al 35%. (1)

  1.     Financial Times (2024). Está surgiendo una nueva brecha de género a nivel mundial. https://www.ft.com/content/29fd9b5c-2f35-41bf-9d4c-994db4e12998)

Este fenómeno también ha crecido en América Latina, donde muchos varones jóvenes se involucran en movimientos de la derecha radical y conservadores. Podemos argumentar múltiples razones, como lo son la frustración profesional y personal, la situación económica, la crisis de identidad masculina y, sobre todo, un espacio sociocultural online que promueve “soluciones” rápidas a problemas mucho más complejos.

De la pantalla al odio

Plataformas como Tiktok, Facebook, Reddit y Youtube se han convertido en espacios de resonancia para los discursos de odio. Aquí, las interacciones no se presentan de manera tradicional, sino están disfrazados de memes, humor negro, trolling, videos “anti woke” o contra lo que consideran “ideología de género”. Contenidos que utilizan una retórica clave: la de la victimización del hombre “tradicional”, vinculada a la masculinidad hegemónica.

Dentro de esta manósfera, es decir, la creciente red de comunidades online que se utilizan para difundir misoginia y odio, se promueve la agenda antifeminista, que alimenta el resentimiento, naturaliza el odio y legitima la violencia hacia otras personas, especialmente hacia las mujeres y la comunidad LGBTIQ+.

En el contexto mexicano esta narrativa se incorpora al conservadurismo que considera “peligrosos” los avances en materia de derechos de estos grupos de atención prioritaria a los que culpan de “robar espacios y privilegios” a los hombres. Sin embargo, aunque en nuestro país no deviene de un discurso estatal, como lo es el caso de Argentina con Javier Milei y Estados Unidos con Donald Trump, estas esferas online han logrado colocar mensajes eficientes que ofrecen una identidad fácil y un enemigo concreto a jóvenes que se sienten frustrados y solos.

La conexión con Adolescence es directa. La miniserie explora la situación de un joven que se siente inferior, con una desconexión emocional y que es rápidamente absorbido por narrativas de odio online. Muestra cómo la frustración individual, amplificada por el algoritmo, se traduce en una ideología de odio ultraconservadora. Una situación cada vez más visible en las esferas juveniles mexicanas.

Fenómeno Incel

El resentimiento que vemos en Jamie, encuentra una validación ideológica en grupos como los incels, conocidos como Involuntary Celibates, por sus siglas en inglés, una subcultura digital que ha trascendido las pantallas para convertirse en una amenaza real.

De acuerdo a ONU Mujeres los discursos incel se construyen a partir de ideas profundamente misóginas y deshumanizadoras, que convierten a las mujeres en culpables del malestar masculino. Pero no se detiene ahí, ya que también hay un desprecio hacia otros hombres, conocidos como “Chads”, denominados de esa forma por una supuesta superioridad sexual y social con las mujeres.  (2)

  1.     UnWomen (2025). ¿Por qué está en auge la manósfera? ONU Mujeres da la voz de alarma sobre la misoginia en internet. https://news.un.org/es/story/2025/06/1539646

Además, los participantes de este discurso no sólo justifican la violencia que promueven, sino que la glorifican. Amnistía Internacional advierte sobre la creación de estos “héroes trágicos” y “mártires de una injusticia sexual” que han operado violentamente en espacios fuera de lo digital, con acciones agresivas contra una sociedad que, de acuerdo a ellos, les debe “algo”. (3)

  1.     Amnistía Internacional (2025). El movimiento incel: la peligrosa radicalización digital que fomenta el odio hacia las mujeres. https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/blog/historia/articulo/el-movimiento-incel-la-peligrosa-radicalizacion-digital-que-fomenta-el-odio-hacia-las-mujeres/

Según la Movember Foundation, dos tercios de los hombres jóvenes se relacionan regularmente con influencers de la masculinidad en línea. Si bien en algunos casos esta interacción se da con contenido que fomenta una construcción alternativa de la masculinidad, otra parte considerable de este material aún promueve un lenguaje extremista y de ideología sexista.

Es en este contexto donde los discursos misóginos, el machismo, la desinformación sobre lo que significa la perspectiva de género y las propuestas del feminismo contra violencia de género, pueden difundirse y amplificarse mucho más rápido que los contenidos formativos y/o que promueven la igualdad, creando así espacios donde el odio hacia las mujeres se normaliza, la violencia se minimiza y el machismo se convierte en una tendencia.

Es fundamental entender que la violencia incel y del extremismo de derecha es un síntoma de una cultura que permite y normaliza el odio hacia las mujeres. Esta ideología amenaza directamente el derecho a la vida, a la seguridad y a vivir libres de violencia de género.

El auge de estas ideas en nuestro país se refugia en la manósfera para ganar notoriedad y sentar las bases para que el discurso dé un salto a la acción en espacios físicos. Este fenómeno, más allá del entretenimiento, es un recordatorio urgente de que, en la crisis de la masculinidad, la radicalización convierte a sus seguidores en un potencial riesgo de seguridad en el espacio público, que actúa en violación de los derechos humanos de las mujeres y otras personas, incluso quienes militan con ellos.