Conferencia sobre empoderamiento femenino en la FD
«Persisten brechas significativas de desigualdad con respecto a los hombres»
Se trata de un proceso que posibilite que podamos ejercer esa autonomía, definir nuestros proyectos de vida y participar activamente en el desarrollo económico y social: Sonia Venegas
Fuente: Gaceta UNAM Nov 13, 2025
Por: María Guadalupe Lugo García

Foto: Víctor Hugo Sánchez.
Hablar de empoderamiento de las mujeres, en particular en el terreno económico, “presupone nuestra autonomía para ganar, administrar, gestionar y decidir sobre nuestros ingresos, bienes y tiempo”, consideró Sonia Venegas Álvarez, directora de la Facultad de Derecho (FD).
Para ello, dijo, es necesario garantizar a estas el acceso a empleos dignos con remuneraciones dignas y la protección de la seguridad social. Sin embargo, aún persisten brechas significativas de desigualdad con respecto a los hombres, en particular “por el tiempo que tradicionalmente dedicamos nosotras a trabajos no remunerados como las actividades domésticas y de cuidados”.
Al participar en la conferencia “Empoderamiento económico de la mujer: experiencia de una mujer autora”, destacó que brindarles a ellas autonomía financiera para superar su vulnerabilidad no se limita sólo a garantizar que contemos con las mismas capacidades en ámbitos como educación o salud, también implica asegurar la igualdad real en el acceso a los recursos productivos, a las oportunidades laborales y a los espacios de toma de decisiones.
“Se trata de un proceso que posibilite que podamos ejercer esa autonomía, definir nuestros proyectos de vida y participar activamente en el desarrollo económico y social”.
A su vez, Abril Uscanga Barradas, directora del Seminario de Filosofía del Derecho de la FD, señaló que en México no es un secreto que siguen existiendo brechas salariales entre hombres y mujeres: ellas son las que reciben menos pago, en promedio un 15 % menos de los ingresos por salario con respecto a ellos en los sectores formales; el porcentaje aumenta a un 20 % menos en el terreno de la informalidad.
Es decir, “a las mujeres se nos paga menos que a los hombres y tenemos menos oportunidades laborales”. Según un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad, las mujeres perciben 85 pesos por cada 100 que ganan los hombres, “lo que hoy nos hace entender que aún hay mucho trabajo por realizar para superar esta y otras brechas”.
Debe agradecerse “la lucha de las que nos antecedieron para que pudiéramos tener estos espacios, aunque vivimos en un mundo tremendamente desigual, discriminador, opresor, patriarcal y son las propias estructuras las que generan esta desigualdad y dentro de ellas las jurídicas”.
En el encuentro, en el Auditorio Benito Juárez en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres (que se conmemora el 25 de noviembre), la académica consideró que “poco nos hemos cuestionado los juristas sobre cuál es el papel del derecho en esto; nos hemos tardado demasiado en preguntarnos cómo muchas estructuras políticas y legales, así como el propio sistema jurídico en general, han perpetuado y reforzado las desigualdades de género y otras formas de opresión”.
Al menos “cuestionarnos eso nos ayuda a comprender cómo las mujeres experimentamos las leyes, y cómo las políticas públicas nos impactan de una manera desigual. A menudo, las leyes y prácticas legales reflejan y perpetúan prejuicios y jerarquías de poder que existen en la sociedad, y eso nos permite enfocar nuestra atención más allá del estudio clásico de la violencia contra las mujeres, para incluir o analizar formas institucionalizadas de violencia que nos permitan comprender cómo los sistemas legales no dan respuesta a todas estas inquietudes.
Esmeralda Cantoral, autora de obras musicales y socia de la Sociedad de Autores y Compositores de México, apuntó que el poder para una mujer se ejerce en el momento de toma de decisiones, en su carrera, en su cuerpo y en muchas otras cuestiones que le son inherentes.
En el ámbito musical, a lo largo de la historia “nos ha tocado derribar varias barreras, la primera de ellas el acceso a estudiar en las bellas artes y el derecho moral; es decir, reconocimiento a la paternidad de una obra, entre otros aspectos. Asimismo, el padecimiento económico de las mujeres creadoras, de las compositoras en particular, ha sido un reflejo claro de rechazo estructural y sistemático del trabajo femenino. No porque no existiera talento, sino por la falta de un sistema dispuesto a reconocerlo y pagar por ello. Para el siglo XX se logró que las mujeres pudieran estudiar y firmaran sus obras.
Opinó que “las mujeres que nos antecedieron lucharon por el derecho a estudiar, al reconocimiento artístico, al voto, al espacio, por ello todas y todos tenemos la obligación de escribir el siguiente capítulo: la economía autónoma plena, esa en la que las mujeres no sólo creen, sino que vivan de su creación con dignidad, con nombre y con justicia. La sororidad demuestra que cuando una mujer crece no amenaza a la otra, sino que la impulsa”.





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